CUADROS EN PROSA - "Mi corazón delator y este thriller de otoño"

"Mi corazón delator y este thriller de otoño" Oleo sobre tela - 0,60 x 1,00 mts. 2008
Esta obra participó en el Salón de Pintura de la Provincia de Mendoza, Argentina "Luján es Otoño" en el 2008, siendo premiada con una "Mención del Jurado".

Esta entrada podría llamarse tambiénDoña Amalia”, ya que la obra que les presento hoy, tiene atrás un poquito de historia que cruza como en un triángulo mágico a Edgar Allan Poe, Doña Amalia y yo. Y claro, en el medio de nuestro triángulo encantado, un corazón que no deja de latir.

En casa, por aquellos años de mi infancia en el siglo pasado, teníamos también nuestro negocio familiar. El estudio fotográfico “Savelli” abierto al público desde los años 40’ cuando mi Nonno Carmelo, después de probar un tiempo el oficio de peluquero, se decidió por el de fotógrafo. La actividad pasó después a mi Padre, quién eventualmente heredaría la tradición familiar a mi hermano Gustavo y a mí.

Mi Padre usó las dos primeras habitaciones de esta “casa chorizo” en la que vivíamos para el estudio fotográfico y para el laboratorio con su emblemático cuarto obscuro, se usaban las dos últimas habitaciones del terreno, de forma que la casa quedaba en el medio del trajín comercial. Será por este hecho que en mi vida de adulto no he podido nunca trazar una linea de confín muy clara entre el trabajo y la vida de hogar, para mí ambas cosas van de la mano, se entrecruzan, se mezclan y se confunden en una sola. Debo confesar que no siempre este hecho me hizo muy felíz... no siempre estaba de humor para enfrentarme a los clientes con una sonrisa! Con los años en vez, esa capacidad de sonreir a los desconocidos, hizo en el futuro que se me abrieran puertas y portones! De cualquier manera, algunas cosas interesantes pasaban en el medio...

Algunos días de la semana, cuando se juntaba mucho trabajo, Papá llamaba a esta señora, Doña Amalia, para que le diera una mano con el retoque de los negativos, haciendo esta versión primitiva del Photoshop, eliminando ojeras y arrugas molestas, dándole a las fotos carnet, ese “star quality” en riguroso blanco y negro, donde los años, los problemas y la pobreza, se mostraban en cualquier lugar, menos en el documento de identidad!

Yo me encolaba en una silla al lado de Doña Amalia, fascinado, a verla trabajar. Queria ver como con más maña que arte, cada arruga, ojera, mancha de la piel y papada iban desapareciendo, con tan solo dos armas: un lapiz de punta muy afilada y un raspín. Doña Amalia, como yo, era una adicta de las letras estampadas, y siempre llegaba a casa con algún libro entre las manos y mientras tomaba posición en su lugar de trabajo, seguramente en el comedor con mi madre cebando unos mates, comenzábamos a hablar.

Fué en esas tardes mágicas donde descubrí por primera vez, las intrigas sin fin de las novelas de Agatha Christie, el mundo apasionado de Cortazar, las letras laberínticas del alma de Borges y las cartas de ida y vuelta de Puig.
Fué en una de esas tardes, en que doña Amalia se apareció con un libro de un tal Edgar Allan Poe… y fué amor a primera lectura…

Doña Amalia no pudo llevarse de vuelta el libro ese dia… se lo secuestré. No pude dejar de sumergirme más y más en ese universo gótico y retorcido, obscuro y asfixiante. Más me adentraba en la lectura y más avidez tenía de continuar, cada cuento me parecía una obra imposible, llena de imágenes, sensaciones, sonidos... como el de ese corazón, ya sin cuerpo, que no deja de latir.
Y nunca ha dejado de latir dentro de mí.
El universo de Edgar se fundió con el mío y se mezcló con mis propios tesoros.

En el 2008 este corazón volvió a aparecer en una serie de cuadros. Otra vez este corazón que con cada latido se delata… Otra vez el corazón de Edgar y el mío, otra vez ese sonido sordo y seco que hacen los corazones enamorados y que solo los enamorados son capaces de escuchar.

Han pasado 10 años de cuando realicé estas obras y mas de 30 de cuando conocí a Doña Amalia y a Edgar Allan Poe. Volviendo a revisar por estos días las imágenes de mis cuadros de aquella época, tantos recuerdos se agolparon en mi espíritu y como en una secuencia cinematográfica, la cinta otra vez empezó a correr. Afuera se hacía noche, los últimos rayos de luz creaban sombras largas y transparentes como espíritus en penitencia… es otoño y entre las hojas secas de mi jardín, no me van a creer… volví a escuchar ese sonido, un rumor casi imperceptible... no podía confundirme, no podría ni en mil años equivocarme, esos eran los latidos del corazón delator...

Mi Doña Amalia querida y su lápiz-saca-arrugas-mágico, me han dejado a través del tiempo infinitos regalos que atesoro y aunque en ese momento era demasiado joven para entender, hoy me doy cuenta que la verdadera magia de Doña Amalia era lograr que el alma de las personas que encontraba en el camino crecieran, sin tener nunca arrugas para sacar.

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